16 de febrero de 2024

La reputació del senyor Castañé

¡ADVERTENCIA! Esta entrada contiene spoilers importantes que desvelan la trama de la campaña La reputación del señor Castiñeira de La llamada de Cthulhu, no sigas leyendo a no ser que vayas a dirigirla. Si quieres información sobre la campaña sin spoilers puedes consultar la foto-reseña que le hice en su día: aquí.

Hoy os dejo con una colaboración muy especial, Mar Calpena ha trasladado la acción de la campaña La reputación del señor Castiñeira de Madrid a Barcelona, y ha tenido a bien mandarme un post para compartir sus inquietudes al respecto con todos vosotros. Ya os comenté cuando le dediqué un análisis en profundidad a esta campaña que, sobre todo si jugamos en presencial, llevar estas aventuras a un terreno conocido hará que gane muchos enteros, jugarla en las calles que hemos recorrido de niños hará sin duda que la inmersión sea mucho mayor, y el trabajo hecho por Mar ayudará a cualquiera que quiera disfrutar de la obra de Sr. Perro en la Ciudad Condal.


De Castiñeira a Castañé

A estas alturas no vengo a descubrir nada cuando digo que “La reputación del señor Castiñeira” es un pedazo de aventura (en realidad, casi una campaña) que, además, tiene uno de sus puntos más fuertes -y tiene muchos puntos fuertes- la ambientación, centrada en el Madrid de mediados de los ochenta. ¿Por qué, pues, querría alguien ambientarla en otro lado?

(Léase con voz de Troy McClure: “hola, soy Mar Calpena, y quizás me recuerden de que me paso la vida ambientando cosas de rol en Barcelona, desde el Barcelona by night al Calles primigenias”).

El caso es que estando de charleta en Twitter, alguien comentó que iba a ambientar su partida en el Bilbao de los ochenta y, por un error de interpretación, el Sr. Perro, autor del Castiñeira, dio por hecho que yo comentaba que iba a hacer lo propio con mi ciudad. Mi intención inicial no era esa, pero fui madurando la idea y cada vez me iba pareciendo mejor. Pronto, ya no me la podía quitar de la cabeza. Al fin y al cabo, en 1986, cuando está situada temporalmente la aventura, yo tenía 13 años, suficiente para recordar una ciudad que ya no está, pero también suficientemente lejos como para tenerla algo mitificada. Mi Barcelona de 1987 -en un momento explico la razón del cambio de fecha- no era ni la de los círculos de poder de la ciudad, ni la del submundo criminal o el de la modernidad, sino apenas la del colegio y las primeras discotecas de tarde. Pero en ese periodo ocurrieron cosas que me interesan, y que en cierta medida explican la Barcelona -y por extensión, la Catalunya- actuales. En primer lugar, la transformación urbana de la ciudad, con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos que estaban por venir. Una transformación urbana, a menudo de corte higienista, depurador, y no poco aporafóbico y especulador cristalizada en el famoso slogan “Barcelona, posa’t guapa”, en honor al cual se hicieron cosas espectaculares, como volver a encarar la ciudad al mar, pero también otras más discutibles o menos inocentes. Fue el caso de la nueva Rambla del Raval -que rompió por la mitad el antiguo Barrio Chino, o el del antiguo núcleo fabril del Poble Nou, reconvertido en Villa Olímpica y hoy paraíso de expats, o el del frente marítimo de la Barceloneta, al que se le extirparon los muy queridos chiringuitos a pie de playa en los que las familias celebraban sus comuniones mientras Palomino cantaba entre las mesas. También se intentó eliminar o trasladar núcleos de miseria, como las barracas de Can Tunis, aunque esto, oh sorpresa, tardó mucho más en llevarse a cabo. Y se dieron cambios sociales no menos drásticos: en un abrir y cerrar de ojos la Barcelona de la contracultura, de Ocaña y Nazario en las Ramblas, las Jornadas Libertarias y el cómic underground se volvió la del diseño, los bares modernos, los publicistas, Mariscal, Antonio Miró y las redes clientelares políticas y económicas de la era Pujol. Una Barcelona que el 19 de junio de 1987 sufriría un atentado terrible, cuando ETA asesinó a 21 personas que un viernes por la tarde estaban haciendo la compra en un Hipercor. Así que lo primero que hice fue adaptar el calendario de los hechos principales, para no perderme. Porque, confesémoslo, también tengo una razón más egoísta para trasladar la aventura. Dirigir el Castiñeira en Barcelona me ofrecía la ventaja de la familiaridad, tanto para mí como para la mayoría de mis jugadores, en la esperanza de que eso compense mis limitaciones como máster. Aunque está todo muy bien explicado, la trama tiene muchos elementos que hay que ir controlando al detalle. Mejor ponérmelo fácil a mí misma.

La primera decisión, pues, fue cambiar sólo lo justo y necesario del módulo original, que al fin y al cabo me gustaba mucho (y eso me permitía además aprovechar la mayor parte de las ayudas de juego). Rubén Castiñeira se convirtió así en Rubén Castañé, con esta grafía y no Castanyer, porque mi suposición es que la familia -que en mi versión son industriales textiles de Terrassa- no habría tenido más interés por adoptar la versión catalana de su nombre. Araceli Montero se convirtió en Araceli Muntaner, y catalanicé también algún otro nombre, sobre todo de personajes menores, pero si era lógico no tocarlos no los tocaba: ahí siguen Ernesto Almendral y el Comisario Frutos. Menos fácil fue adaptar los apodos. Los años de prohibición del catalán durante la dictadura tuvieron el efecto de eliminar ciertos registros del idioma, por lo que la jerga delincuencial -y más aún en 1987- sonaba algo anticuada, o directamente se decía en castellano, lo que permitía mantener algún apodo, como el del Gordo. El niño se convirtió en el “nano”, el rubio es el “ros” y el “Zorro”... bueno, lo he traducido como la Guineu, pero si os soy sincera, sospecho que no va a funcionar. Veremos.


Pero si los nombres tenían cierta dificultad, las localizaciones eran ya una liga superior. En algunos casos, la trasposición era más o menos evidente (Collserola por El Pardo, Sarrià-Sant Gervasi por Fuencarral, el Clínic por el Anatómico Forense, o la infame comisaría de Via Laietana, escenario de tantas torturas policiales, por la del Distrito Centro). Pero en otros casos, quería hacer algo menos evidente. Por ello, en mi mesa las Galerías Milà se conocen también como Can Castañé (igual que Jorba Preciados fue antes Can Jorba). La Joyería Grassy es Masriera. Y el Penta, el KGB. A Tetuán lo convertí en el Guinardó, aunque los Recreativos el Jienense se quedaron tal cual, porque por qué no.


Más problemático fue ubicar el chalet de la Sierra. Porque ni las distancias ni la tipología de pueblos y casas de la Sierra madrileña se parecen mucho a los sitios donde unos pijos catalanes como los Castañé hubieran podido tener una primera vivienda. Finalmente, tras descartar el Ampurdán -no tenía sentido que vivieran tan lejos, aunque les hubiera pegado muchísimo- opté por situarlo en Viladecavalls, cerca de Terrassa (y ahora el municipio más rico de Catalunya), convertido en “la torre” (término catalán ultraboomer que designa un chalet o una segunda residencia). Tampoco me parecía muy lógico que en la actualidad vivieran en una urbanización cerca de Barcelona, por lo que elegí ubicarlos en un casoplón de Vallvidrera (un barrio de montaña del distrito de Sarrià-Sant Gervasi, en plena zona de Collserola, una sierra que bordea la ciudad y que al otro lado tiene el Vallés, donde se encuentran Terrassa y Viladecavalls). Y la venta de los Montero se convirtió en un bar de camioneros, igual que para el sanatorio me inventé una clínica de reposo en algún lugar indeterminado del Vallés.


Otros elementos son -tienen que ser- más sutiles. Para empezar, el tráfico era entonces muchísimo peor. Ni la mezcla de gente, ni la ropa, ni las ciudades son las mismas, aunque sospecho que hoy en día se parecen mucho más entre sí, con las mismas tiendas de souvenirs y las mismas cadenas de ropa en cada esquina. Si ya entonces la radiofórmula podía pinchar lo mismo en todos los bares de España, grupos como El hombre de Pekín (lamentablemente, no están en Spotify), Claustrofobia, Brighton 64, La banda trapera del Río, Decibelios, Loquillo y los Trogloditas o mis adorados Los Burros/El último de la fila seguramente no sonarían en el Castiñeira, o al menos no tan a menudo. Sí que forman parte del paisaje sonoro de este Castañé que comienzo a arbitrar el viernes, y que, espero, esté en su versión barcelonesa a la altura de la ambición y del sabor del original.


PS: También me ha mandado las fichas de los personajes jugadores traducidas y adaptadas, las podéis descargar aquí. ¡Muchas gracias Mar! Espero que disfrutes tanto dirigiendo esta joya como lo he hecho yo cuando he tenido la fortuna de llevarla a mesa, y te aseguro que si algún día vuelvo a hacerlo será siguiendo tus consejos y trasladándola a Barcelona.

PPS: ¡Por fin es oficial! No podéis imaginaros lo feliz que me hace esto: Shadowlands, NOVEDADES 2024 - Autores españoles para La Llamada de Cthulhu.




1 comentario:

Dekra dijo...

Muy interesante, gracias. Yo acabo de trasladar una aventura de Ratas en las Paredes de los USA en el 1936 a la Barcelona preolímpica de mayo del 1992, exactamente por el mismo motivo (Master novato y buscando cercanía para ambientar mejor)

Saludos !!!