25 de febrero de 2011

El dolor

Dibujo de Pablo Gallo (Emily Bronte, Bram Stoker, Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft y Mary Shelley)


El dolor, tan intenso. ¿Cuánto hace que pasó todo aquello?

Aullidos.

La cabaña estaba fría, Lillian y Annie tenían miedo, pero sabían que podían confiar en mí, siempre lo habían hecho y nos había ido bien hasta entonces.

¿Por qué las llevé a la puta cabaña?

Ellos estaban muy nerviosos, nunca supe que habían hecho, ¿atracar un banco? ¿Matar a alguien? Eran novatos pero estaban locos, mi especialidad, que irónico...

¿Por qué?

Nunca había oído lobos tan cerca de la cabaña, curiosamente los aullidos me tranquilizaban, eran hipnóticos, un canto de sirena.

Disparos.

Había sangre por todas partes, carmesí, tan sabrosa. El olor era intenso, penetrante, los colores habían cambiado, los aullidos habían cesado.

Mi hija... mi mujer...

Yacían entre mis brazos, muertas. Sus cuerpos aún calientes permanecían intactos, salvo por aquellas marcas en sus cuellos. Ellos estaban despedazados, mis manos llenas de sangre, la puerta estaba abierta, fuera el motor de un coche rugía.

Mi mujer... mi hija...

Recuerdo vagar por el bosque, por las montañas, correr junto a la manada durante largas noches, aullando a la luz de la luna, cazando para alimentarnos.

Disparos.

Una bala no podía matarme, la sangre se había convertido en vida, mi vida a cambio de la de otros. En la cabaña había tres tipos pero solo dos cadáveres despedazados.

¿Por qué?

Todo pasó demasiado deprisa, fogonazos en mi memoria, solo pequeños charcos en el mar que es mi mente, pequeñas lagunas que me guían y me motivan.

¿Por qué las llevé a la puta cabaña?

Una pista, un detalle, todo lo que necesito para volver a estar en paz. El coche tenia matricula de Massachusetts, grabada a fuego en mi memoria 153HPL, no necesito nada más.

Aullidos.

De venganza, y esta vez eran míos.

Tristan Oberon, 2009

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