9 de septiembre de 2013

1933 - King Kong


Desde que leí este artículo * tenía pendiente hablaros sobre este gran clásico, y es que me impactó bastante descubrir las semejanzas entre King Kong (de 1933) y The Call of Cthulhu (publicado por primera vez en 1928). Nunca sabremos si es cierto o no que los autores de la película se inspiraron en el famoso relato de H.P. Lovecraft, pero desde luego, leyendo el artículo, no me parecería de extrañar. Las conclusiones extraídas no tienen desperdicio, pero por si alguien no quiere/puede leérselo, aquí va un breve resumen:

En ambos casos tenemos a criaturas monstruosas adoradas como deidades que viven en remotas islas del Océano Pacífico, las dos islas están sin cartografiar y son casi imposibles de encontrar, pero en ambos casos son capitanes noruegos los que, gracias a unos nativos que huyen de la isla en barco, son capaces de dar con ella. Ambas islas están coronadas por una montaña y tienen construcciones ciclópeas (el muro de King Kong y las formas no euclidianas de The Call of Cthulhu), y en ambos casos, a pesar de la magnificencia de la criatura, los humanos consiguen abatirla. Mucha semejanza me parece a mí para que sea casualidad.

¿Qué me ha parecido? Qué decir de esta película, un clásico imperecedero. Intento pensar lo que debió suponer semejante despliegue de medios en un cine de los años 30 y no creo que tenga parangón con nada que podamos ver en nuestros cines a día de hoy.




* Cuando me di cuenta de que esta página web estaba caída, la recuperé vía The Internet Archive para posteriormente traducirla y copiarla íntegramente aquí; ya no creo que le importe a nadie, pero yo odio que este tipo de material muera en el olvido:


Cthulhu y King Kong

Por Seneca Lapham

Copyright © 1982 por Robert M. Price

Reimpreso con permiso de Robert M. Price

Al igual que quien esto escribe, algunos lectores tal vez tengan la costumbre de revisar la guía de televisión cada semana para no perderse ninguna emisión de sus películas de ciencia ficción y monstruos favoritas, especialmente las de corte lovecraftiano. A pesar de sus defectos, siempre es divertido ver las adaptaciones cinematográficas de «El horror de Dunwich» y «El coche cerrado». Hay que estar realmente atento para detectar otras cuyos títulos fueron cambiados, como Die Monster, Die! —la versión cinematográfica de «El color que cayó del cielo»—, o la aún más rara vez emitida El palacio encantado (El caso de Charles Dexter Ward). Algunos incluso murmuran que La noche del demonio (The Crimson Cult), protagonizada por Boris Karloff, está basada en «Los sueños en la casa de la bruja». Pero la adaptación cinematográfica lovecraftiana más sorprendente de todas podría ser (solo «podría ser», quede claro) King Kong (1933)*, la cual guarda un parecido sorprendente en varios puntos con «La llamada de Cthulhu», publicada apenas cuatro años antes. ¿Es posible que los creadores de Kong, Edgar Wallace y Merian C. Cooper, leyeran el relato de Lovecraft sobre un monstruo gigante adorado en una isla que no aparece en los mapas y sintieran cómo se encendía su propia imaginación?

Capitanes noruegos e islas desconocidas

Nuestros dos dioses-monstruo habitan en islas perdidas del Pacífico Sur. En ambos casos, la ubicación fue conocida por un marinero noruego a través de la tripulación de una embarcación repleta de isleños. En King Kong, el director Denham le dice al capitán de su barco: «Esa isla no la encontrará en ninguna carta de navegación, grande o pequeña, capitán. Todo lo que tenemos para guiarnos es lo que le he mostrado aquí: este dibujo y la posición, ambos hechos por un amigo mío, el capitán de un bergantín noruego». En el relato de Lovecraft, un recorte de periódico detalla que «Gustaf Johansen, un noruego de cierta inteligencia [...] había sido el segundo de a bordo de la goleta de dos palos Emma, de Auckland...». Sobre este grupo de marineros se relata que «divisaron una pequeña isla y desembarcaron en ella, a pesar de que no se conocía la existencia de ninguna en esa parte del océano...».

En Kong, el noruego encontró la Isla de la Calavera, el hogar de King Kong, con la ayuda de las instrucciones tomadas al último miembro moribundo de una piragua llena de nativos de esa isla, arrastrada demasiado lejos mar adentro. En «La llamada de Cthulhu», la tripulación de Johansen descubre R'lyeh de forma indirecta tras acabar con una embarcación llena de nativos y otros devotos del culto a Cthulhu, quienes habían intentado impedir que el Emma continuara en su dirección. Tras matar a los cultistas, la tripulación del Emma dedujo que algo interesante debía de haber más allá y decidió averiguarlo. En ambos casos, los nativos eran degenerados. Los habitantes de la Isla de la Calavera habían «recaído en el salvajismo», mientras que los «engendros del culto de tez morena» con los que se topan Johansen y compañía son descritos como «una tripulación extraña y de aspecto malvado, compuesta por canacas y mestizos».

Por supuesto, King Kong no muestra ninguna batalla naval entre el grupo de Denham y los isleños, aunque hay un breve forcejeo en la playa. En su lugar, el encuentro con la barca de isleños descrito por Denham guardaba un estrecho parecido con una escena posterior de «La llamada de Cthulhu»: el rescate del propio Johansen. El pasaje de «La llamada» dice: «El 12 de abril se divisó la embarcación a la deriva; y aunque parecía desierta, al abordar descubrieron que contenía a un superviviente en estado semidelirante y a un hombre que evidentemente llevaba muerto más de una semana». La descripción paralela en Kong dice: «Una piragua con nativos de esta isla fue arrastrada mar adentro por el viento. Cuando un bergantín noruego los rescató, solo uno estaba vivo».

Mampostería ciclópea

Al comparar la Isla de la Calavera y R'lyeh, encontramos algunas similitudes interesantes. En cuanto a la ubicación de cada una, ya hemos señalado que ambas se encuentran en algún lugar del Pacífico Sur. Más concretamente, R'lyeh se halla en o cerca de los «49° 51' de latitud sur, 128° 34' de longitud oeste». La Isla de la Calavera está simplemente «muy al oeste de Sumatra». En cuanto a la topografía, ambas islas están dominadas por una sola montaña o colina. «Por encima de la densa vegetación de las tierras altas, y aparentemente desde el centro de la misma, se elevaba una montaña cuyo contorno toscamente dibujado sugería un cráneo» (King Kong). «Supongo que solo el pico de una sola montaña, la horrible ciudadela coronada por un monolito donde el gran Cthulhu estaba sepultado, emergió realmente de las aguas» («La llamada de Cthulhu»).

La semejanza no acaba aquí. En la descripción que se hace de la Isla de la Calavera en King Kong: «El último detalle era el más curioso y impactante. Era un muro, más alto que una docena de hombres altos, e impenetrable. Y el muro, en la base de la península, se extendía desde el mar a un lado hasta el mar al otro, sirviendo como una poderosa barrera contra quienquiera o lo que fuera que intentase bajar por el precipicio desde el interior». Con esto podemos comparar las ruinas masivas de piedra de R'lyeh, con sus ángulos extraños y no euclidianos. El narrador expresa un sobrecogimiento similar ante «el tamaño increíble de los bloques de piedra verdosa, ante la altura desorientadora del gran monolito tallado...». Las edificaciones ciclópeas de R'lyeh son literalmente prehumanas, pero incluso el muro de la Isla de la Calavera es el vestigio de una civilización olvidada. Fue «construido hace tanto tiempo que los descendientes de los constructores han [...] olvidado por completo la extraordinaria civilización que erigió la muralla».

Blasfemias gemelas

Cuando nos fijamos en los monstruos en sí, nos encontramos con que tanto Cthulhu como Kong son gigantescos behemots, y ambos supervivientes de eones pasados. Ambos son adorados: Kong por los habitantes de la Isla de la Calavera y Cthulhu por un culto secreto de escala mundial. Y ambos son objeto no solo de adoración, sino también de leyenda. Sobre Cthulhu, el marinero mestizo Castro «recordaba fragmentos de una leyenda horrible que dejaba en mantillas las especulaciones de los teósofos...». Kong, por otro lado, es «una superstición malaya... Un dios, o un demonio, o algo así...».

Cuando los intrusos tienen la mala suerte de toparse con el titán residente, el espectáculo es aterrador. «El dios-bestia que buscaban se acercaba pesadamente hacia ellos desde el centro del campo de asfalto» (King Kong). Igualmente escalofriante es la visión del «gran Cthulhu [mientras] se deslizaba viscosamente hacia el agua y comenzaba a perseguirlos con brazadas gigantescas que levantaban olas de potencia cósmica». Miembros de ambas tripulaciones perecen rápidamente bajo la ira de los monstruos. «Tres hombres fueron engullidos por las garras flácidas antes de que nadie se diese la vuelta». «Kong curvó ambos antebrazos bajo su extremo del tronco y, haciendo un esfuerzo hacia arriba, lo levantó del suelo y lo agitó violentamente de un lado a otro. Dos de los hombres perdieron el agarre. Uno [...] cayó girando hacia el cieno en descomposición del fondo».

Tras leer el relato de Johansen, el narrador de Lovecraft se estremece ante la perspectiva de que Cthulhu quede libre para amenazar al mundo en general, un horror pospuesto temporalmente por el segundo hundimiento de R'lyeh. Por supuesto, esta desenfrenada destrucción contemplada es exactamente lo que ocurre en King Kong, donde el monstruo finalmente es liberado para sembrar el caos en Nueva York. Hay destrucción de sobra, pero todo acaba recayendo sobre la propia cabeza de Kong.

Cuando quien esto escribe notó por primera vez el paralelismo entre Kong y «Cthulhu», su primer pensamiento fue que Lovecraft podría haberse inspirado en la película. Pero una rápida comprobación de las fechas lo descartó. Cualquier influencia tuvo que haber sido en la dirección opuesta. Pero si «La llamada de Cthulhu» no pudo haberse inspirado en King Kong, aún podemos sospechar la influencia de Kong en una secuela del relato de Lovecraft. Y es que la comparación entre Kong y Cthulhu cierra el círculo en la novela Eones oscuros (Strange Eons), de Robert Bloch. Allí encontramos la recapitulación de la escena de la «Novia de Kong», donde Fay Wray, atada entre dos pilares gigantescos, es «presentada» al Rey. En Eones oscuros, la heroína es escoltada en medio de una ceremonia pagana hacia un altar donde esperará a Cthulhu. En el momento cumbre, una bomba atómica borra del mapa la isla, y a Cthulhu con ella. Así pues, parece que, al igual que Kong, Cthulhu fue finalmente vencido por la tecnología humana. Pero con la misma certeza con la que el «Hijo de Kong» tomaría el relevo de su padre en una secuela, en la historia de Bloch la «Novia de Cthulhu» —que ha quedado embarazada— sobrevive para engendrar a un hijo que, años más tarde, se convierte en el vehículo para el renacimiento de Cthulhu, quien sale, al fin, a gobernar el mundo.

¿Se inspiró King Kong en «La llamada de Cthulhu»? No hay forma de saberlo, y las similitudes que hemos señalado pueden no ser más que notables coincidencias. Siempre es divertido especular, como bien saben los lectores habituales de Crypt of Cthulhu. Aun así, resulta tentador pensar que dos de los grandes clásicos de monstruos norteamericanos puedan ser «primos hermanos».

(Nota: Aunque el texto original menciona 1932, el estreno oficial de la película King Kong fue en 1933).



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1 comentario:

kalamardo dijo...

Nada malo puedo decir de este gran clásico del cine. Larga vida al gran Simio!