Si os van las experiencias asfixiantes, ojo a esta película, la adaptación al
cine del angustioso videojuego de David Szymanski que dirige y
protagoniza Mark Fischbach. La premisa es horror cósmico en estado puro,
minimalista y directo: la humanidad se ha extinguido porque todas las
estrellas y planetas habitables del universo han desaparecido sin dejar
rastro. Los pocos supervivientes malviven en estaciones espaciales y envían a
un prisionero (el protagonista) a explorar un océano de sangre humana
descubierto en una luna desolada. Todo el metraje nos encierra dentro de un
submarino diminuto, oxidado y claustrofóbico, sin ventanas al exterior. Su
única forma de "ver" lo que hay ahí fuera, en ese abismo de sangre, es hacer
fotografías con una cámara que tarda segundos en revelar la imagen. La tensión
de estar ciego ante lo desconocido, escuchando crujidos metálicos en el
exterior, es la claustrofobia llevada a su máxima expresión.
¿Qué me ha parecido? Una propuesta brutal que captura
perfectamente la esencia del horror cósmico:
la absoluta insignificancia del ser humano ante un universo hostil y vacío. La
película sabe jugar sus cartas y estira de maravilla esa hora y media de metraje,
manteniéndote con el corazón en un puño solo con el diseño de sonido y la
sensación de aislamiento. El tramo final es pura adrenalina claustrofóbica
cuando esas fotos empiezan a desvelar geometrías y presencias ancestrales
acechando en la densidad de la sangre. Quizá a los que busquen un terror más
comercial o dinámico les parezca repetitivo tanto plano cerrado, pero a mí me
ha parecido una joyita la mar de disfrutable.
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