29 de junio de 2026

Gyo

Con Junji Ito siempre me ocurre lo mismo: me fascina lo que me explica, pero se le acaba yendo tantísimo la olla que me satura y pierdo el interés. Creo que es algo común a todas las obras del autor japonés que he leído, y esta Gyo no es una excepción. Sin embargo, tras ese delirio de "peces con patas de metal" que estira el chicle hasta la extenuación, late una de las traslaciones más puras y pesadillescas del nihilismo lovecraftiano al manga. Ito recoge el pánico atávico al océano (un tropo recurrente en la obra de H.P. Lovecraft) para desatar un apocalipsis inevitable que emerge de las profundidades, impulsado por una fuerza biomecánica e implacable cuyo origen real escapa a toda lógica humana. Es un body horror visceral e inmundo que reduce a la humanidad a simple biomasa prescindible, despojándola de cualquier dignidad o propósito especial en el cosmos. Así, pese a sus excesos y a esa saturación tan propia del mangaka, Gyo acaba funcionando por pura indiferencia cósmica: el protagonista no es un héroe, sino un testigo impotente de la disolución de la cordura y de la inevitable conquista de la Tierra por un horror irracional, asqueroso y absoluto.










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