Este juego de mesa, Deep Regrets, nos llevará hasta alta mar para que podamos pescar todo tipo de pescados y aberraciones mientras nos autocompadecemos por lo dura que es la vida del pescador.
Es obra de 2 Tomatoes Games. Pueden jugar de uno a cinco jugadores, mayores de 14 años, y las partidas rondarán la media hora por jugador. Y eso es porque en esencia estamos ante uno de esos juegos competitivos que prácticamente puede considerarse un solitario al que juegan varias personas simultáneamente; aquí tenemos algo de interacción, pero es mínima.
También se incluye un modo de juego cooperativo, que es una extensión del modo de juego para un solo jugador, por lo que al final tenemos todo tipo de configuraciones para adaptar esto a nuestras necesidades.
Las reglas no son especialmente complicadas, pero luego el juego tiene mucha chicha, ya que deberemos tomar decisiones constantemente para lograr hacernos con una buena pesca, gestionar su venta y lograr completar la mejor semana que podamos.
Porque el contrarreloj del juego es precisamente ese: empezaremos el lunes y acabaremos el sábado, y cada día decidiremos si seguimos en alta mar (donde empezaremos la partida) o si volvemos al puerto para vender nuestros trofeos, exponerlos o comprar material que nos ayude a conseguir presas mayores y más valiosas.
Cada jugador contará con un tablero individual, donde podrá llevar la contabilidad (el dinero que tiene), la caña y carrete que lleva equipado, y los dados de que dispone. Porque la principal mecánica del juego, sobre todo a la hora de pescar, son los dados que deberemos tirar y gestionar.
Todos los jugadores empezarán con tres dados, y al principio del turno los tiraremos para ver de qué resultados dispondremos durante ese día. Cuando vayamos a pescar, por ejemplo, deberemos elegir a qué banco de peces le tiramos la caña, y entonces giraremos una carta a ver qué pescado pica. La carta nos indicará la dificultad que deberemos igualar con los dados que todavía nos queden disponibles. Si la igualamos o superamos, añadiremos el pez a nuestra mano; si no lo logramos, la carta quedará abierta y disponible para cualquiera que quiera intentarlo durante el mismo día.
También tenemos tres tableros comunes; en uno se irá marcando la locura que ha ido acumulando cada jugador. Esta locura nos perjudica y ayuda de diferentes maneras. Por ejemplo, hay pescados normales y otros corruptos, y su precio de venta variará dependiendo de nuestra cordura (mientras más locos estemos, más nos interesarán los corruptos y menos los sanos). También dispondremos de más dados a medida que vayamos enloqueciendo, aunque si queremos tirar más de los tres habituales, deberemos comprarlos en el puerto.
Los otros dos tableros se corresponden al puerto, donde podremos comprar diferentes tipos de cartas y dados, y el del mar, donde obviamente podremos pescar. Este tablero dispone de tres profundidades a las que podremos arrojar nuestro anzuelo; evidentemente, mientras más profundicemos, más valiosos serán los peces que encontremos. Hay una chuleta que te indica las posibles dificultades en cada rango, lo que ayuda mucho a saber cuánto podemos arriesgar en cada momento. Porque otra cosa muy interesante es que por el reverso de las cartas de peces, veremos la silueta del mismo, lo que nos indicará si se trata de un pez pequeño, mediano o grande, algo que también nos orientará a la hora de saber por dónde irán los tiros si dedidimos arriesgarnos con ese banco de peces.
Hay multitud de tipos de cartas, entre las que falta por hablar de las de remordimientos. Estas son las que iremos consiguiendo con ciertas mecánicas del juego (por ejemplo, pescando o comiendo peces corruptos) y las que nos marcarán el valor de locura que tenemos en cada momento. Además, estas cartas también nos penalizarán al final de la partida, cuando podremos puntuar los peces que hayamos conservado como trofeos, los que tengamos en la mano, y el dinero que hayamos acumulado; todo eso nos dará una puntuación que nos indicará quién ha sido el mejor pescador de la semana.
También hay cartas de pececitos, que irá cogiendo, por ejemplo, el primer jugador de cada ronda que pase. El juego tiene algunas mecánicas que intentan compensar al que va por detrás o al que saca peores tiradas en los dados, como el salvavidas, que te dará un pequeño bonus tanto a la pesca como a la hora de ir de tiendas. Como os decía al principio, el juego intenta tener cosillas que eviten que esto se vea como un solitario, y es cierto que logra que en ciertos momentos tengas que mirar qué hacen los demás si quieres seguir siendo competitivo, pero si nos olvidamos de la competición, es un juego que podemos disfrutar cada uno a nuestra bola.
Todo en el juego se basa en los símbolos que vemos en esta chuleta, a la derecha. No hay demasiados y enseguida tendremos claro qué significa cada uno. Y el juego al final es una administración de recursos la mar de interesante, en el que deberemos saber administrar nuestros dados y nuestra pesca, porque hay peces que nos los podremos comer para obtener beneficios, deberemos saber qué vender y qué conservar como trofeo, añadir dados cuando toca, optimizar las tiradas que vayamos sacando, conseguir pececitos y cartas de suministros que nos ayuden a administrar nuestra cordura como mejor podamos, etc.
Es, en definitiva, un juegazo que nos puede dar muchas y buenas horas de pesca en alta mar. Sin duda se inspira en ese maravilloso videojuego titulado Dredge (en el que también se basó el juego de rol Bahía Gris), y el trasfondo lovecraftiano es sutil, aunque ya hay una expansión con la que podemos pescar al mismísimo Cthulhu, os hablaré de ella en breve.
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